Flashback 2

Miro mi plato de pasta a la funghi que humea y huele de maravilla. Doy un sorbo a mi copa de lambrusco y miro al frente. Ahí está tranquilamente hablando con Mario, otro compañero de clase. No sé como, pero hemos acabado sentándonos el uno en frente del otro.

Aunque evito su mirada, tiene un magnetismo que me atrae, y hace que no pueda pensar en otra cosa que no sean esos brazos que se ajustan a la perfección a la impoluta camisa blanca que lleva puesta. Tiene una sonrisa de dientes perfecto s que derrocha seguridad, y puedo afirmar que es lo más sexy de él.

Pincho unos penne con el tenedor y me lo llevo a la boca. Estiro mis piernas por debajo de la mesa y choco contra algo delante de mi. Alzo la vista. Paúl alza la vista. Efectivamente, le he dado a él. Nuestras miradas se juntan unos segundos y me sonríe. Yo he parado de masticar. Mis pensamientos están muy lejos de este restaurante.

Pero Paúl no vuelve a su conversación, por el contrario, alarga su pierna y empieza a restregarla contra la mía. Es sólo la pantorrilla, pero ese íntimo tacto por debajo de la mesa me deja la boca seca. Trago la pasta que todavía tengo en la boca y veo como su mirada se oscurece de deseo.

Esa mirada me hace ganar confianza, cojo mi copa y de doy otro sorbo al vino. Mientras apoyo la copa en la mesa me limpio con la lengua los labios, y veo como entrecierra sus ojos. Nuestro juego le está calentando, tanto como a mi.

Los demás, completamente ajenos a nuestra situación, siguen hablando alegremente. Estamos justo en la mistad de la mesa, y se han creado dos conversaciones a nuestro alrededor, ninguna tan interesante como la nuestra.

Después de la escena, la cuál tenía como objetivo calentar a Paúl, tengo que reconocer que me ha puesto a mil. Entonces, veo como vuelve a su plato de comida, un rissoto de marisco y coge un poco con el tenedor. Entonces veo como me lo acerca a la boca, y acepto el bocado. Acto seguido, lleva el tenedor que acabo de chupar a su boca y se relame.

-Dicen que el marisco es afrodisiaco… – comenta Paúl casualmente.

Pero su comentario no tiene nada de casual y su ronca voz hace que mi sexo tiemble. Sí, así de fácil.

Decido jugar a ser una femme fatale, así que con toda la valentía que he reunido en el juego previo, me quito la bota del pie derecho (doy gracias por haberme puesto estas botas que se pueden quitar y poner fácilmente) y alargo mi pierna hasta dónde supongo que se encuentra su entrepierna.

He hecho el cálculo a la perfección, ya que mi pie va a parar exactamente a su miembro, que está duro como una piedra. Paúl se sobresalta, y sonrío con satisfacción. No se lo esperaba. Muevo mi pie un poco, y confirmo que tiene buen material.

Entonces, Paúl baja su mano derecha y me agarra fuerte, mueve mi pie contra su pene y me pongo roja como un tomate ante su atenta mirada. Está tan excitado como yo.

-¿Ya habéis terminado chicos? –Pregunta Laura desde la otra punta de la mesa. Por un momento, creo que nos han pillado y que saben lo que está pasando por debajo de la mesa. Paúl me agarra fuerte cuando pretendo devolver mi pie a su sitio.

CONTINUARA…

 

 

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